De chiquito me gustaba desarmar cosas: por qué no significa nada
En casi toda bio, presentación o charla de “conocé al equipo” hay una frase que ya se lee sola, como un cartel de neón medio quemado: “desde chico me gustaba desarmar cosas para entender cómo funcionaban”.
Y siempre viene con la misma coreografía. La contás y del otro lado tenés que asentir, impresionado, como si acabaras de revelar el origen secreto de un superhéroe. Ah, claro, por eso hoy sos un capo. De chiquito abrías el control remoto del autito y algo hizo clic —en el circuito y en tu destino a la vez.
Pará. Yo también desarmaba cosas. Y me acuerdo perfecto de por qué.
Lo desarmabas por pavo
No lo abrías para “entender el funcionamiento”. Lo abrías porque ya te aburría, porque el autito no andaba, porque tenías un destornillador en la mano y ganas de romper algo con permiso. Lo abrías por la misma razón por la que le arrancabas las patas a un cascarudo o metías un tenedor en el enchufe: curiosidad de la barata, la que no requiere ningún talento especial.
Y cuando finalmente estaba abierto, ¿qué hacías? Mirabas. Veías una plaquita verde, unos cablecitos, un motorcito, un resorte que salía disparado y no volvía a entrar nunca más. Y decías “uh, mirá”. Fin. No entendías nada. Mirabas, te aburrías de mirar, y a otra cosa.
Entender de verdad cómo un control remoto termina moviendo las ruedas de un auto lleva años. No lo sacás mirando adentro de una carcasa a los ocho. Así que dejame que te lo explique bien, paso a paso, desde el principio:
…
Na, mentira. No te lo voy a explicar porque yo tampoco lo sé. No lo aprendí desarmando el autito y no lo aprendí después tampoco. Y ese es justamente el punto.
El truco es contar el final como si fuera el principio
Lo que pasa con esta frase es que la armás para atrás, ya sabiendo cómo termina la película. Una vez que ya sos programador, salís a buscar en la infancia la escena que “lo anticipaba”, y la encontrás, porque siempre hay una. Desarmaste un autito. También te comías los mocos y cantabas las canciones de Mambrú, pero esas no entran en la bio porque no confirman nada. El desarme sí entra, no porque haya causado algo, sino porque queda divino como prólogo.
Y encima, la escuchás siempre de los que la cuentan desde adentro de la profesión. No la escuchás de los otros millones de pibes que también reventaron el control remoto, el reloj despertador y la tostadora, y que hoy son contadores, kinesiólogos o venden seguros divinamente felices. Desarmar cosas de chico no separa a nadie de nadie. Lo hacíamos todos.
Por qué me molesta (un poco)
Podría dejarlo pasar como muletilla inofensiva, pero me parece que dice algo peor de lo que pretende. La frase quiere transmitir curiosidad, vocación temprana, esto lo traigo de fábrica. Y termina transmitiendo lo contrario: que tu carta más fuerte para explicar por qué sabés lo que sabés es un recuerdo de jardín de infantes.
Lo que te hace bueno en algo no fue mirar adentro de una carcasa a los ocho. Fue todo lo aburrido del medio, que la anécdota se saltea. Es menos poético que el autito, pero es de verdad tuyo, y te lo ganaste de grande, no de chico.
Así que propongo un pacto: soltemos la frase. Está tan quemada que a esta altura decirla en serio suena raro, casi tierno. Si de verdad querés que crea que sos bueno en algo, no me cuentes qué desarmabas a los ocho.
Contame qué construiste el mes pasado.